En julio de 2016, en el corazón del África negra, emergía una joya de proporciones nunca vistas y de una belleza inigualable. Una joya de metal y hormigón que preside la capital de una Ruanda que nada tiene que ver con aquel país que sufrió el terror del conflicto armado y estuvo en una situación de absoluta desolación.

Con un coste de 300 millones de dólares (100 millones más que la egipcia Biblioteca de Alejandría), el que fuera arquitecto jefe de Siemens – la empresa ingeniera más importante de Europa – se puso al frente del proyecto en 2004 por petición del presidente africano Paul Kagame.

Roland Dieterle voló a Kigali después de que un representante del gobierno ruandés viera su trabajo en un evento en Dubai. Su diseño se inspiró en el brillante futuro que aguarda a Ruanda, pero también refleja su glorioso pasado y la riqueza de sus tradiciones. El Centro de Convenciones de Kigali, de construcción abovedada recuerda a las que la realeza del país solía habitar en la ciudad de Nyanza.

Sus 18 salas de conferencias y 300 habitaciones, múltiples restaurantes y más hacen de este edificio un espacio muy versátil y apto para multitud de actividades. Además, se encuentra a escasos 10 minutos en coche del aeropuerto de Kigali.

La joya más brillante de Ruanda no sale de una mina.

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