Lo ha vuelto a hacer. Tras años sin escribir nada, Springsteen ha sacado nuevo disco, Western Stars, esta vez sin la E Street Band. Cuenta con 13 nuevos temas que apuestan por la cara más intimista del cantante. A diferencia de Nebraska (1982), The ghost of Tom Joad (1995) o Devils & Dust (2005), donde escuchamos a unos personajes que huyen, buscan redención o se acercan con nostalgia a amores perdidos, en Western Stars la música abre el plano para que disfrutemos la escena en pantalla panorámica, y es que le debió coger el gusto a trabajar con orquesta en Once upon a time in the west, su colaboración en el disco homenaje a Ennio Morricone, y ahora en Western stars explota sin complejos su vertiente más sinfónica.

Aunque para este disco se haya rodeado de más de 20 músicos, las cuerdas predominan en la mayoría de canciones. Cada tema nos da el resultado que el artista ha proyectado desde el principio de su carrera: él y su guitarra. Ya sabemos que el Boss no defrauda. “He pasado unos siete años sin escribir nada para la banda”, dijo Springsteen a Variety. “Y dije: ‘Bueno, por supuesto … ¡nunca podrás hacer eso otra vez!’ Y es un truco cada vez que lo haces, ¿sabes? Pero es un truco que, debido a ese hecho que no se puede explicar, no se puede duplicar de manera consciente. Tiene que venir a ti en inspiración “. Y de hecho lo ha conseguido, no se repite. El camino de Western stars es setentero y reposado. Folk y pop.

13 canciones en las que nos recuerda que aunque éste sea uno de los experimentos más peculiares de su discografía, él siempre será el Boss. Aunque parezca un disco tranquilo, todo apunta a que canciones como There goes my miracle o Moonlight Motel pueden llegar a ser auténticas experiencias religiosas si las interpreta en un escenario.

Melodías atemporales, tranquilas pero potentes y con un toque country muy de desierto y polvo, que hacen que el intérprete de Born in the USA vuelva en su momento más enérgico.

Presten atención que volvió el Jefe.

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