Salvator Mundi de Leonardo Da Vinci a 450’3 millones de dólares, Los Jugadores de Cartas de Cezanne a 250 millones de dólares o El Grito de Munch a 119’9 millones de dólares son algunos de los precios desorbitados que se han llegado a pagar con tal de apoderarse de una determinada pieza artística.

El mercado del arte se mueve en cifras estratosféricas, a veces inesperadas, que la demanda se encarga de establecer. Es la subasta el escenario donde cada comprador traduce su interés en números, los mismos que hacen que quien emite una determinada cifra se vaya a casa o no con su ansiado trofeo.

Hace unos días, le ha tocado el turno a La suite des Saltimbanques de Picasso, un conjunto de 15 grabados a punta seca que muestran a gitanos y acróbatas en momentos de la vida privada. El precio estimado rondaba los 170.000 – 215.000 libras, pero la colección ha abandonado las salas de Bonhams con el desembolso de 312.563 libras (351.399 €), superando con creces la cantidad esperada.

En la misma sesión, se vendieron también otras obras entre las que figuran Nude Reading de Roy Lichtenstein  a un precio de 81.312 libras  y Choose Your Weapon de Banksy por 50.062 libras. 

¿Qué dicta el valor final de una obra? ¿Qué mueve a los compradores a soltar tanta pasta?

 312.563 libras a la de tres.

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