Urs Fischer busca crear cultura a través de la interacción y, con su última exposición, lo ha logrado. Mediante un trabajo muy avanzado en términos tecnológicos, el artista nacido en Zurich (1973) logró unir simpleza y complejidad de una forma innovadora.

“Play”, como se tituló la muestra, se presentó recientemente en la galería Jeffrey Deitch de Los Ángeles. Allí, en un espacio enorme, nueve sillas de oficina de diferentes colores se movían automáticamente por todo el sitio simulando una especie de baile. Para esta elaboración, Fischer trabajó con Madeline Hollander, una artista y coreógrafa radicada en Nueva York que explora cómo el movimiento humano y el lenguaje corporal negocian sus límites dentro de los sistemas cotidianos de la tecnología.

Sin embargo, pese a que estas sillas, dotadas de cables, sensores e inteligencia artificial, eran los únicos elementos de la presentación, no eran precisamente las protagonistas, sino que lo era el propio espectador y su interacción, sus intercambios, y sus expectativas y frustraciones frente al comportamiento de dicho mobiliario.

Las sillas se acercaban a los visitantes de manera lenta o abrupta y desafiaban cualquier idea preconcebida que ellos pudiesen tener en base a cómo comportarse, generándoles desconcierto y confusión.  Una especie de “juego” con el que se hacía efectivo el objetivo principal de la obra: convertir al espectador en un elemento activo.

Toma asiento. Si puedes…

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