La unión de moda y pintura es más estrecha de lo que se puede pensar.
Esta intersección representa la vida artística de muchas personalidades. Artistas como James Tissot que hicieron del vestido el protagonista de sus cuadros, y el gran Cristóbal Balenciaga, del que aquí venimos a hablar, que supo transformar las pinceladas en puntos, quien se dejó inspirar por las muestras a las que desde niño asistía.

No hay una figura más trascendente en la historia de la moda española que la de Cristóbal Balenciaga, quien asentó las bases de la alta costura y se convirtió en referente de los diseñadores que hoy copan portadas.

El genio de Guetaria tomó características del arte y de la cultura española tales como el minimalismo de los hábitos religiosos, los volantes del traje de flamenca, los paillettes y el bordado del traje de torero, etc., que, junto a sus ideas de las proporciones, de las líneas, del volumen, del movimiento, de los tejidos… constituyeron un estilo único e identificable.

Por todo esto, el Museo Thyssen-Bornemisza se presta para homenajear a esta gran personalidad del mundo de la moda con una exposición que pone de manifiesto la influencia de la pintura española en el sastre y diseñador.

La muestra, comisariada por Eloy Martínez de la Pera y que podrá visitarse del 18 de junio al 22 de septiembre, está constituida por 60 obras de la pintura española del siglo XVI al siglo XX procedentes de museos (como el Museo del Prado o el Museo de Bellas Artes de Bilbao) y de colecciones privadas, y 69 piezas de indumentaria del diseñador. Algunas de estas prendas nunca han sido vistas puesto que pertenecen a privados que las vistieron y otras que han estado guardadas desde 1974, cuando tuvo lugar la última exposición en Madrid tras la muerte de Balenciaga. A parte de las colecciones privadas, hay que agradecerle la colaboración al Museo Balenciaga de Guetaria, al Museo del Traje de Madrid y al Museu del Disseny de Barcelona.

La experiencia ha involucrado a un gran equipo de profesionales de diferentes sectores que incluye a las modistas que se ha encargado de que la prendas se expongan en su mejor condición, expertos que han creado maniquís invisibles, hechos a medida de la pieza para que esta se apoye perfectamente, tal y como debía lucir en la persona para la que fue cosida; y un fotógrafo que ha recogido el todo en un catálogo para que esta exposición temporal quede inmortalizada.

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