Desde que en 2011 Estados Unidos pusiera fin a su programa de transbordadores, se ha tenido que valer de las naves Soyuz de Rusia para poner a astronautas en el espacio, esto ha provocado que algunas empresas privadas hayan visto una posibilidad de negocio en ese vacío que ha quedado.

Una de estas empresas es Space X, fundada por el visionario Elon Musk en el año 2002, quien ha construido los cohetes Falcon con la finalidad de convertirse en vehículos de lanzamiento reutilizables, con lo que se lograría un importante abaratamiento de los costes.

Durante los últimos meses han demostrado que su programa está muy avanzado. Recientemente, han lanzado el Módulo Crew Dragon, un vuelo de prueba con el que pretenden llevar astronautas a la Estación Espacial Internacional (ISS). Para ello deben superar una serie de ensayos con los que lograr el visto bueno de la NASA.

El módulo es una variante de su nave de carga, que ya demostró un rotundo éxito al ser capaz de salir al espacio, poner un Tesla Roadster en órbita y volver a la Tierra, aterrizando exactamente donde estaba programado. Algo impensable hace bien poco.

Hasta el momento, Dragon se acopló a la ISS, los tripulantes de la estación abrieron la escotilla y entraron en la cápsula. En su interior no había un astronauta, pero sí un maniquí con sensores al que han llamado Ripley, en clara alusión a la protagonista de la saga de Alien, y 90 kilos de provisiones.

El objetivo es recopilar el mayor número de datos posibles para saber de qué manera afectaría el viaje a un humano.

Musk espera que tras ésta misión, la NASA apruebe su sistema para transportar astronautas al espacio. Además, según él, se ha dado un paso fundamental hacia los vuelos comerciales espaciales, algo muy importante ya que fundó la empresa con la idea de fomentar el turismo espacial.

La misión finalizará con el desacople del módulo y su regreso a la Tierra, que se ha previsto que aterrice en una plataforma situada en el océano Atlántico.

Lanzados a una nueva era.

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